Robert Creeley

Pedazos

200 MXN 978-607-00-2514-3
Pedazos

Traducción de José Luis Bobadilla y Ricardo Cázares

Pedazos es, deliberadamente, una lírica del proceso emocional. La acción de la información cualitativa en múltiples niveles. Es una técnica exótica. Dentro del sistema de Creeley, la palabra no es un sentimentalismo social gratuito (el largo sendero sinuoso, la luz en la ventana), sino un bien social concreto. Detrás de cada situación hay un cúmulo de expedientes. Sin embargo, el poema pertenece a una demarcación molecular, no a la taquigrafía, de modo que cada uno es un modelo de un universo social localizado en alta resolución. Se fija en el oído gracias a un alto orden de rigor. Los Pedazos llevan implícitamente el propósito de encontrar el todo que fueron alguna vez y del que ahora son la señal. Creeley penetró directamente hasta la médula de la relación humana. Es el maestro del habla inmediata y esta es la brújula de su arte escrito, el habla provee todo cuanto es parabólico y exploratorio, un habla de compás veloz, en el que la insinuación de la totalidad está asida con una ligereza y seguridad que más tarde vemos vertida en los poemas.
Ed Dorn

Reseñas


Milenio     09 / 04 / 2009
Robert Creeley. Pedazos (Traducción de Ricardo Cázares y José Luis Bobadilla) Editorial Mangos de Hacha, México, 2010. 174 pp.
Reseña
En los últimos cinco años, más o menos, hemos visto emerger un número de propuestas editoriales impulsadas por jóvenes escritores interesados en la traducción de poesía.
I
Decir que México carece de poetas dedicados a la traducción sería desmedido, pero sostener que el interés y sobre todo la práctica de la traducción han sido una constante para sus recientes generaciones resultaría igualmente inexacto. Con algunas importantes excepciones, de las cuales habrá que encargarse en otro momento, la mayor parte de los poetas nacidos en los setenta y ochenta no parece dar señales de poseer el mismo interés que anteriores generaciones mostraron por la traducción. En este contexto, debe celebrarse el que se publique la traducción de un libro de poesía.
En los últimos cinco años, más o menos, hemos visto emerger un número de propuestas editoriales —de diverso alcance y circulación, de forma individual o grupal, impresas o en internet— impulsadas por jóvenes escritores interesados en la traducción de poesía. Esta disposición debe leerse como señal de cambio. Un ejemplo de esto es la reciente publicación del libro Piezas del poeta norteamericano Robert Creeley (1926-2005), la traducción es de Ricardo Cázares y José Luis Bobadilla, ambos cofundadores de la editorial Mangos de Hacha.
II
La poesía es el arte de la percepción, nos advierte Ed Dorn en el epílogo de Piezas, que apareció originalmente en 1968. Percepción como conocimiento del instante con los instrumentos del sentido. Quizá por eso, los poemas de Piezas buscan desplegarse no de manera linear sino por incrementos, a base de torsiones tonales instrumentadas en cada sílaba; por medio de la desfamiliarización constante de palabras de otra manera comunes, cambios de tono y el énfasis.
Pero, todo en la mente viene / y va. Mi propia vida me es / devuelta de nuevo, algo olvidado. / Quiero cantar. / ¿Qué lo hace / imposible—de modo // que uno levanta / ese peso muerto / con una energía tan insistente?
Los poemas funcionan a la manera de bisagras en las que el pensamiento y el tartamudeo lingüístico que pretende articularlo como voz, alternan, en cada sílaba, en cada quiebre de línea. Y con todo esto, resulta admirable que las líneas de Creeley no desoigan nunca la demanda de la lírica que las gobierna:
Escucha, carajo, escucha. // No me resulta fácil / llamar bellas a las cosas / que por ello mismo / vienen a mi mente.// Quieres el hecho /de las cosas /en palabras /de palabras // Problemas sin fin, placer sin fin / distancia sin fin, caminos sin fin.
III
Leyendo los poemas que componen Piezas nos encontramos, sorprendidos, en media res, directamente en medio de algo más. Su lectura demanda instalarnos de inmediato. Y ese darse-cuenta-de-estar-entre-cosas es un aspecto que reviste la mayor importancia para Creeley. En otras palabras: ¿de qué manera construir poemas que sean el sitio mismo para que ese reconocimiento tome lugar como poema? En las primeras líneas del libro se lee:
Tan real como pensar, / milagros creados /por la posibilidad— //formas. Un punto / al final de una oración/ que comenzaba // con era / hasta un presente, / una presencia // que dice / algo / mientras avanza.
Estas líneas son un ejemplo útil porque representan una vía de acceso. El poema debe rendir cuentas prácticamente desde el nivel tipográfico (“Un punto/ al final de una oración”). En otras palabras, debemos localizar la temporalidad, la fuerza, el impulso del pensamiento que se debate en el poema, y hacerlo entre la primera y última letra del poema. No hay más. Esto no debe interpretarse como una “reducción” de las potencialidades del poema; al contrario, debe verse en este gesto la proliferación de su alcance. Por eso, cada detalle requiere la mayor atención. Cada palabra en final de línea, cada titubeo, cada “lugar común”. Un ejemplo:
No digas que no rima / si no vas a leerlo—ni rompas en// pedazos la línea que va/ y va y va”.
Una de las preocupación constantes en Piezas es el atado de temporalidades —tenemos un “era” y un “presente”, y un “avance”—. El presente entra por la ventana del poema.
Cada instante constituye la realidad, / o más bien puede constituir / la realidad, o puede haberlo hecho, / ¿o quizá lo hará?”
La aparente sencillez en la poesía de Creeley es engañosa. La insistencia de sus “aquí”, sus “ahora” representa una demanda cuya magnitud puede fácilmente pasar desapercibida:
Aquí, aquí, el cuerpo /grita sus órdenes, / aprende de sí
El tiempo del sentido y el de la lectura son gemelos; esta no es una obviedad, es la prueba de una lectura real. El sentido, no el de dirección, no el de la inmanencia; el sentido como sonido. Co-primordiales:
Tal extrañeza de la mente que sé / que ahí no encontraré más que lo que sé. // Estoy cansado de propósitos, / esa intención que lleva /de vuelta a su propia creencia. No quiero //nada de ese brillo / salvo eso que oscurece las sombras /y hace a ese fuego atenuarse.
IV
Para la segunda mitad del siglo XX, Creeley y su generación llevaron a cabo una revaloración de otro poeta, Louis Zukofsky (1904-1978), miembro del ya entonces lejano movimiento “objetivista” de los años 30. Zukofsky describió su poética como una integral compuesta por dos límites, en el superior, la música, en el límite inferior, el habla. De manera que el poema tomaba lugar en el arco de esos límites. Esta fue una de las enseñanzas más importantes para los poetas que vinieron después. En Piezasresuena esta lección en todo momento. El desafío para cualquier traductor es lograr que esos límites “sobrevivan” a la transferencia entre idiomas. Las siguientes líneas de Creeley ocuparían dentro de la integral propuesta por Zukofsky un lugar cercano al “límite de música”, por su maestría verbal prácticamente intraducible:
The sun drops. The swimmers /grow black in the silver ?glitter. / The water slurs /And recurs. The air is soft”.
“La densidad es belleza”, escribió alguna vez la poeta Leslie Scapalino. Sin una generación que traduzca y ponga en circulación obras nuevas, complejas, densas comoPiezas, no se puede pretender renovación alguna en cualquier medio, incluida la “poesía mexicana”. La traducción es un acto de generosidad, en más de un sentido.
Hugo García Manríquez