Tatiana Lipkes

13 Entrevistas a cineastas contemporáneos +8 (segunda edición)

200 MXN 978-607-96406-6-8
13 Entrevistas a cineastas contemporáneos +8 (segunda edición)

Primero deben de existir libros y revistas, investigaciones, escuelas, propuestas, y después el buen cine vendrá por sí mismo. Este libro de entrevistas nos ofrece la oportunidad de ahondar un poco más en novedosos y extraños universos fílmicos. Aquí, por ejemplo, he podido comprobar que la manera de filmar de Apichatpong Weerasethakul que tanto me intrigaba es intencional, siempre tuve la duda de su posible inocencia. Las entrevistas son reveladoras y pueden cambiar nuestras perspectivas radicalmente.

13 entrevistas: Lech Kowalski, Raya Martin, Lisandro Alonso, John Cameron Mitchell, Michel Gondry, Harmony Korine, Alejandro Jodorowsky, Bruno Dumont, Philippe Grandrieux, Julia Loktev, Nicolás Pereda, Hubert Sauper, Apichatpong Weerasethakul
8 entrevistas: Natalia Almada, James Benning, Leos Carax, Denis Côté, Saodat Ismailova, Bani Khoshnoudi, Sergei Loznitsa, Martín Rejtman

Reseñas


Celeste     02 / 09 / 2011
“¿Dònde terminan tus películas?”
“Se terminan, espero, fuera de la sala de cine, en la memoria perturbada de quien las ha visto, de quien tuvo una experiencia.”
Philippe Grandrieux

La frontera entre ficción y no ficción es un límite cada vez más nubiloso que envuelve, hoy por hoy, todos los ámbitos artísticos y comunicativos. Nos parece que es parte del mismo plano ver en la portada de un libro biográfico el retrato de Nelson Mandela que la fotografía de Morgan Freeman en personaje de Nelson Mandela. Nos parece igualmente verosímil ver en una cápsula informativa de CNN la captura de un delincuente que treinta minutos de programación de un reality show sobre policías en la búsqueda de la delincuencia. La cámara que antes documentaba hoy es parte de un mecanismo de ficción que encuadra y agudiza el simulacro. Y la ficción de los largometrajes que nos situaba con imágenes e historias en una zona de confort clásica del “como si fuera verdad”, hoy se desdibuja en saturaciones temporales y en silencios realistas que nos transporta hacia sensaciones puras en donde el director y la cámara se empeñan en desaparecer.
El libro Trece entrevistas a cineastas contemporáneos urde este cuestionamiento no como un tema cercado en el que Lipkes encasilla a los creadores, sino como un hilo invisible y constante que desenrolla la poética de trece de los cineastas más interesantes del último lustro. Al conversar con directores como Julia Loktev (Unión Soviética), Nicolás Pereda (México), Philippe Grandrieux (Francia), Lech Kowalski (Inglaterra), Lisandro Alonso (Argentina), y Raya Martin (Filipinas), entre otros, logramos percibir una búsqueda constante —bajo diferentes ópticas y técnicas— de la construcción de impresiones que se perciben en imágenes y que, a pesar de partir de la imaginación o de la observación de los directores, generan profundas experiencias de realidad en donde el espectador se enfrenta consigo mismo. El tema de ficción se desdobla en términos reales, ante un espejo el espectador no logra saber ya si la realidad es él mismo, o la imagen de sí con la que se enfrenta una vez vistos los filmes.
Ya en directores como Robert Bresson, el problema de la ficción es el centro de la experiencia cinematográfica. Para él, el uso de personas vírgenes en el cine era radicalmente diferente al uso de actores virtuosos que modulan sus emociones para transmitirlas. El problema es, como apuntó Godard, “como si un pintor, en lugar de un modelo, escogiese para ello a un actor. Como si dijera: en lugar de escoger a esta lavandera, elegiré a una actriz que posará mucho mejor que esa mujer.” (La Política, 178). En esa misma línea de exploración se encuentra el director Lisandro Alonso, quien no hace uso de los actores y que mantiene la historia como algo secundario a la imagen y a las emociones en tiempos contemplativos y en espacios naturalistas, en donde el hombre es un elemento de transición:
“¿Qué tanto espacio le das a la improvisación mientras filmas?”
“De alguna forma bastante y de otra no tanto. Generalmente termino mi guión —que es de unas 15 o 20 páginas— ya con todos los personajes y lugares que voy a filmar. Eso está delimitado. Luego, muchas veces suelo consultar a las personas que hacen de estos personajes y ellos pueden crear escenas que yo no me había imaginado. Hago un buen trabajo de investigación en los lugares antes de comenzar la película. Pero claro, ya cuando llega todo el equipo de trabajo y estamos filmando, siempre se generan nuevas secuencias que no existían cuando buscaba lugares para filmar. Siempre surge algo nuevo. Cuando veo que me alejo de lo que había escrito trato de volver al guión. (…) Lo uso sólo para delimitar el tiempo de la película en la vida de los personajes”.
Las preguntas sobre la ficción cinematográfica se generan en espiral, ¿el tiempo de la película se inscribe como una lupa en la vida cotidiana de aquél que representa pero no actúa? ¿El no usar actores hace que un largometraje sea menos ficticio que uno que los usa? ¿Hay alguna parte de documental en la toma de un paisaje que pasa por la mirada extranjera que imagina y que lo encuadra en una secuencia hasta volverlo escenario? ¿Es ficción, por ejemplo, la obra de Lech Kowalski aunque la relación personal con los temas que trata hayan sido siempre parte de su mundo?
“¿Existen hoy en día límites entre la realidad y la ficción?”
“Creo que la ficción está en peligro porque la manera tradicional de contar historias ya no le importa a nadie. Pienso que eso está mal. La ficción implica muchas formas de ver la realidad, la explora desde diversos puntos de vista. La gente hoy se inclina más por los hechos, no tiene la posibilidad de pensar cómo la ficción crea su propia realidad. Actualmente me interesa la ficción y quisiera llevarla hacia mi trabajo anterior. La televisión está invadida de programas que muestran ‘la verdad’, por eso la gente se interesa hoy en los documentales, quieren datos, hechos, información…”

¿Es la ficción un ángulo de la cámara y la no ficción un largo silencio en donde entendemos la cotidianidad como la experimentamos en realidad? ¿Es la obra de Nicolás Pereda menos ficticia por provocarnos la sensación del tedio del tiempo real que la tensión y el sonido que maneja Julia Loktev en situaciones que nunca viviremos como en Day Night Day Night? Y si la respuesta es sí, entonces ¿cómo es posible que un largometraje que se plantea de principio la ficción sea censurado en los Estados Unidos sólo por proyectar los pasos sucesivos de un personaje antes de cometer un acto terrorista? ¿En dónde la ficción se vuelve tan amenazante como el testimonio? ¿Y por qué? Pareciera que la ficción y la no ficción se alimentan de provocar a la realidad que invocan, y de evocar a realidad que provocan.
Las entrevistas de Tatiana Lipkes nos cuestionan más allá de las preguntas certeras que abren la poética de cada uno de estos directores. El silencio ante estos cuestionamientos nos inspira la viva curiosidad de experimentar las sensaciones que en cada obra se anuncian. Quizás, no sólo para entender, sino para experimentar la verdad de cada manifestación cinematográfica contemporánea, habría que preguntarnos por último si una obra, sólo por el hecho de ser catalogada como ficción o no ficción, se vuelve menos o más real en los sentidos de nuestra percepción. O cuándo —realmente— se terminan las películas y en dónde.
Brenda Escobedo