Robert Creeley & Charles Olson

Robert Creeley & Charles Olson

Robert Creeley nació en Arlington. Massachusetts en 1926. Interrumpió sus estudios en la Universidad de Harvard -los cuales nunca concluyó- para conducir una ambulancia en Ceilán durante la segunda guerra mundial. En los años cincuenta editó el Black Mountain Review cuando Charles Olson estaba a cargo de la escuela de artes experimentales Black Mountain College. Su obra comprende más de sesenta libros de poesía, narrativa y ensayo. Creeley se consideraba a sí mismo heredero de los descubrimientos de autores como Ezra Pound, William Carlos Williams y los poetas Objetivistas. Pedazos apareció originalmente en 1969 y marcó una ruptura tanto en la obra de Creeley como en la poesía de los Estados Unidos dada su organización radical, su particular estructura sintáctica y la ampliación de las formas que originó.

Charles Olson nació el 27 de diciembre de 1910 en Worcester, Massachusetts, muy cerca de Gloucester, el puerto que se convertiría en uno de los núcleos esenciales de sus futuras tentativas como escritor. Estudió en la universidades de Wesleyan y Harvard. En 1947 publica el notable ensayo Call me Ishmael, el primero de sus libros, en donde utiliza el Moby Dick de Herman Melville como marco para muchas de las ideas -como su concepción novedosa sobre el espacio- que lo acompañarían el resto de su vida. A partir de ese momento sus poemas y sus ensayos tenderían puentes esculpiendo formas literarias en constante renovación. Junto con Robert Creeley, Robert Duncan, el Renacimiento de San Francisco, los poetas Beat o la Escuela de Nueva York, su trabajo se suma al rico caudal de la poesía de los Estados Unidos. Los poemas de Maximus significan la empresa más importante de su vida. Entre sus títulos destacan, además, Human Universe y Projective Verse. Olson murió de cáncer el 10 de enero de 1970 en un hospital de Nueva York. Ya en la cama, en una visita de su amigo Robert Duncan, Olson esperaba “consejos sobre esa eventualidad”, sin embargo, la sensación que quedó de ese encuentro, según Robert Creeley, era que la vida había sido, sin duda, una gran aventura.

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